BALTHAZAR

DE TAQUITOJOCOQUE

 

Balthazar 
1988-2017

Conocí a Alan cuando llegué a vivir a la colonia Juárez. Me asomaba por el balcón y el pasaba caminando, lo veía de lejos y pensaba: ¡wow! quién es. Siempre me llamaba la atención porque estaba vestido increíble y por su altura; su color me parecía hermoso.

Nadie nos presentó. Un día me lo topé en el mercado y le dije: ¡Qué guapo! ¿Cómo es que hablas tan bien español? “Pues porque soy mexicano” respondió. Yo no lo podía creer, “de Tampico” me dijo y yo menos podía creerlo porque soy de Nuevo Laredo.  Me conmovió que fuéramos del mismo Estado.

Resultó que teníamos muchos amigos en común, lo invité a trabajar en mis fiestas y luego de modelo.

La última vez que lo vi bailamos y quedamos de hacer un performance con nuestras cueras tamaulipecas en rosa, por eso lo dibujé así. Al poco fue hospitalizado, me tocaba cuidarlo el lunes, murió el sábado.

Le dedico estos retratos con mucho amor.  Alan y yo somos la familia que elegimos.  Hay duelos en los que nos toca apoyarnos y trabajarlos juntos porque pasa que la gente se muere y te despiden y ya. Ésta serie de dibujos es para seguirme acordando de él aunque ya no lo vea en la calle o me lo tope en la farmacia.

Balthazar son dos cosas: una para mí, terminar de entenderlo dibujando y la otra para él, un homenaje por todo lo que nos aportó visualmente a la escena underground de la CDMX.

texto por Jessica Canales